Existe una lógica reticencia por parte de muchos planificadores urbanos, gestores de ciudad y equipos de gobierno locales hacia el concepto de ciudades inteligentes, sobre todo en países y municipios con bajos presupuestos, que recelan de las importantes inversiones que requiere su desarrollo.

Sin embargo, si repasamos las grandes innovaciones que fueron disruptivas en su momento y que cambiaron la forma de entender la ciudad, comprobaremos que todas exigieron grandes inversiones que han sido ampliamente amortizadas y que hoy se consideran imprescindibles: la electrificación e iluminación de las ciudades, las redes de telecomunicaciones, la aparición del vehículo a motor y de los grandes medios de transporte masivo permitieron el éxito y el crecimiento de las ciudades.

Hoy la creciente concentración de población en las ciudades está derivando en el desarrollo de megalópolis, auténticos monstruos urbanos cada vez más complejos de gestionar en ámbitos como el abastecimiento de agua, la energía, transporte, la calidad ambiental o la seguridad.

Al igual que en el pasado las innovaciones transformaron las ciudades, en el último cuarto de siglo han irrumpido nuevas tecnologías en el ámbito de las telecomunicaciones que han supuesto una enorme modificación de la forma en la que entendemos la ciudad y que, al mismo tiempo, pueden contribuir a resolver los problemas de las megalópolis. Tecnologías como las redes de comunicaciones celulares, internet o el denominado internet de las cosas.

Las megalópolis se enfrentan a retos muy importantes. Es difícil clasificarlos, porque cada una tiene los suyos propios, pero son comunes la necesidad de asegurar el abastecimiento de energía limpia, el transporte, la provisión de servicios, la seguridad, la gestión del agua y saneamiento, la gestión presupuestaria, la capacidad de respuesta ante desastres naturales, la gestión de sus residuos, la equidad social y el empleo.

Estos son los grandes retos donde hay una oportunidad para generar aportaciones desde el internet de las cosas y la gestión masiva de información (big data), posible a través de las nuevas redes de telecomunicaciones.

Las ciudades inteligentes pueden captar información, procesarla, distribuirla y generar respuestas. Hoy es posible, por ejemplo, conectar los ordenadores a bordo de los vehículos (que desde 2005 son obligatorios) con semáforos especiales que pueden predecir las afluencias de vehículos y coordinar todos ellos para generar una “onda verde” que permita agilizar el tránsito de forma puntual en una avenida.

Aunque pueda parecer ciencia ficción, este tipo de soluciones son posibles. Los sensores existen desde hace tiempo –y cada día se inventan nuevos-, y los smartphones son fuentes masivas de información muy valiosa para organizar de forma más eficaz y eficiente las ciudades. El reto está en cómo captar y manejar de forma inteligente toda esa información y en el diseño de procedimientos de respuesta y mejora de los procesos urbanos con herramientas que ayuden a la toma de decisiones prácticas, en tiempo real y de forma despolitizada.

Contestando a la pregunta que da título a este artículo, ¿por qué las ciudades deberían adoptar el modelo de smart city, incluso megalópolis como Ciudad de México?, es preciso hacer una distinción previa entre las urban solutions y la smart city. El internet de las cosas, las redes de telecomunicaciones, los sensores (sean estos smartphones o dispositivos de hardware instalados en las ciudades), las plataformas de software para el procesamiento de información constituyen las soluciones tecnológicas urbanas. Son los sistemas de apoyo en la toma de decisiones de gobierno, las plataformas de software que tenemos en los centros de control y que ya existen.

La smart city, en cambio, se refiere al uso de la información que es capaz de captar y transmitir toda esta infraestructura, a la provisión de servicios a los ciudadanos de forma eficaz y eficiente, a la gestión de la ciudad, al bienestar de la sociedad y a la participación de la iniciativa privada con soluciones que corren sobre esta infraestructura.

La smart city tiene que ver con involucrar a los ciudadanos para opinar y contribuir a mejorar la gestión de las ciudades por parte de sus gobernantes, y también con la oportunidad para generar nuevas oportunidades de desarrollo social, cultural y económico.

Razones no faltan para para invertir en la conversión tecnológica y “Smart” de las ciudades:

  1. En coordinación con la infraestructura de servicios públicos tradicionales pueden contribuir a resolver los grandes problemas básicos de las ciudades: la información sobre la calidad del agua o del aire en un determinado momento puede poner en marcha protocolos de actuación para paliar sus consecuencias; la gestión del agua o de la energía para abastecer picos de demanda; o la organización dinámica de rutas para la recogida de basuras de la forma más eficaz y ocasionando el menor trastorno para el tránsito.
  1. Abre la puerta a una economía abierta y colaborativa, que esencialmente es urbana: internet hace mucho más interesantes y eficaces las ciudades. Si una de las más importantes funciones de la ciudad es permitir el intercambio de oportunidades a través de la aglomeración, internet refuerza con creces su efecto a través del acceso a la información en tiempo real que nos ofrecen los smartphones conectados a redes celulares de alta velocidad.
  1. La ciudad inteligente fomenta la participación ciudadana y la transparencia en la gestión. Incorpora al ciudadano como una parte activa de la ciudad, permite que acceda a información sobre su gestión y funcionamiento, y que sea capaz de responder en tiempo real ante ella, a través de las redes sociales o de sistema, y expresar su opinión sobre cómo se está gobernando la ciudad.
  1. La smart city permite reorganizar la ciudad en tiempo real para dar respuesta a eventos concretos, como por ejemplo cambios en los sentidos de las calles o en la sincronización de los semáforos ante un evento deportivo o cultural masivo.

Si trasladamos esta pregunta a nuestro entorno, ¿qué capacidad tiene la Ciudad de México de convertirse en una ciudad inteligente?

La Ciudad de México es una de las megalópolis más grandes y también problemáticas del planeta. Alguna de sus manifestaciones, como la contingencia ambiental que hemos sufrido durante casi una tercera parte del año 2016 nos urgen a buscar soluciones efectivas a corto y largo plazo.

Por otra parte, el 50% de la población en México es menor de 25 años, con una gran capacidad de adaptación tecnológica. Existe también una grandísima concentración de universidades y expertos en el Área Metropolitana. Hay una amplia base cultural emergente y un importante crecimiento de las artes audiovisuales, así como de servicios financieros. Y hay una altísima proporción de la población que utiliza smartphones. Todo esto nos indica que tenemos una gran oportunidad para poder utilizar con éxito las soluciones urbanas tecnológicas que ya existen en el mercado, para buscar con inteligencia una mejor gestión de nuestros problemas.

No solo Ciudad de México, todas las ciudades del país tendrán la oportunidad, tal vez no en toda su extensión, de comenzar a implementar las nuevas tecnologías para poco a poco convertirse en las ciudades inteligentes.