Es fascinante la sofisticación a la que están llegando las ciudades inteligentes o Smart Cities con el modelo de ciudad ‘Sense&Respond’ que ‘siente’ mediante los sensores que aporta IoT, y que ‘responde’ sin necesidad siquiera de intervención humana. Estamos creando el estado del arte desde el plano tecnológico, pero nos estamos olvidando de para quién estamos haciendo todo esto.

Internet de las Cosas (IoT) se extiende por todas partes y lo está revolucionando todo. Las ciudades son un lugar perfecto para llenarlo de sensores de todo tipo: de presencia de peatones, calidad del aire, tráfico, sensores de prácticamente cualquier cosa. Todos ellos reportan una cantidad ingente de datos que, sin tratarlos mediante técnicas de ‘business intelligence’, ‘big data’, algoritmos, etc., no son más que ruido. Todos esos datos deben ser convertidos en información, para luego tomar decisiones.

Lo impresionante es que hemos llegado a un nuevo modelo en que las plataformas Smart City que gobiernan la ciudad toman decisiones por sí solas. Es el nuevo modelo conocido como ‘Sense&Respond’, una ciudad que siente el contexto que le rodea por medio de todos esos sensores y que responde de forma automática en función de ese contexto. ¡Y todo en tiempo real!

No hay inteligencia sin trabajar sobre el entorno

Ciertamente, las ciudades están llenas de sistemas que no son nada inteligentes. Conducir por la noche en muchas ciudades es un claro ejemplo. ¿Por qué semáforos en rojo si no hay ningún otro coche cercano, ni peatones, ni ciclistas? Los sistemas de regadío son otro claro ejemplo: se activan incluso estando lloviendo.

Por suerte hay otros entornos más inteligentes como las farolas, puesto que muchas se encienden únicamente cuando la luminosidad baja hasta un nivel determinado. En general, prácticamente todos los sistemas desplegados en la ciudad funcionan sin tener en cuenta la realidad del entorno que les rodea en ese momento.

Por otro lado, ya son muchas las ciudades que cuentan con plataformas de software que gobiernan los sistemas de la ciudad en conjunto, y que aprovechan los datos de contexto que aporta IoT para dotar de inteligencia a la ciudad, y actuar en consecuencia.

Ya estamos viendo controles semafóricos que se adaptan en función del tráfico; farolas encendidas pero que intensifican la luminosidad cuando detectan peatones; sistemas de regadío que no se activan si la previsión meteorológica indica lluvia; paneles de tráfico que orientan a los conductores en función de los flujos de tráfico y congestión y una lista infinita de casos de uso que mejoran la ciudad, aunque puede que no aborden la problemática real de los ciudadanos.

Sin duda estamos creando el estado del arte, pero sobre todo desde el plano tecnológico. Prácticamente cada semana hay eventos relacionados con las Smart Cities, impulsados sobre todo por gigantes tecnológicos y ciudades que quieren parecer más atractivas, pero en todos estos eventos se difumina lo más importante, el ciudadano.

Hace unas semanas, de camino precisamente a una de las ferias más importantes de este entorno, el taxista me preguntaba de qué era la feria, que había muchísima gente. Le dije, de Smart Cities, ciudades inteligentes, y me dijo, ¿qué es eso?

Por un lado, me di cuenta que aunque la ciudad en la que se celebraba el evento es considerada una de las más ‘smart’ del mundo, no lo percibían así sus ciudadanos. Últimamente hago la misma pregunta a toda persona ajena a la industria: “¿Qué es para ti una Smart City?”, y debo añadir que hace poco me llamó la atención un espacio tan genial y poco tecnológico como un parque infantil de exterior que, cuando llueve, despliega un toldo para que los niños puedan seguir jugando. Sin duda, la gran preocupación de todos los ciudadanos-padres y madres con niños pequeños es qué hacer si llueve y quieren sacar al niño a jugar. Tal vez deberíamos pensar no sólo en un ‘Sense& Response’, sino en un ‘Sense-Feel&Response’.